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Vulva y vagina – Conceptos generales e higiene

Desde mi propia experiencia y según lo compartido con otras mujeres, la vulva podría ser una de las zonas más confundidas de nuestro cuerpo. Yo hasta la adolescencia seguía llamándola erróneamente “vagina”, sin tomar conciencia real de todas las funciones que tiene, ni del protagonismo que merece.

A continuación, comparto una breve descripción de ambas para ponernos en contexto.

La vulva es el conjunto de genitales femeninos EXTERNOS conformado por los labios mayores, los labios menores, el clítoris, la abertura vaginal, la abertura uretral y las glándulas vestibulares mayores. Este conjunto aparte de brindar protección a la vagina y a la uretra, tiene la importante responsabilidad de permitirnos sentir placer.

La vagina es el órgano INTERNO que conecta el útero (a través del cérvix) con el exterior de nuestro cuerpo. A través de ella desciende la menstruación, el moco cervical y demás fluidos vaginales; también en ella ingresa el pene durante el coito y salen los bebés al momento de nacer.

1. H I G I E N E

Hemos crecido bajo la idea de que nuestra vulva y vagina no deben tener olor, que está bien utilizar toallas desechables con aromas y efectos desodorantes que lo oculten, que no está bien tener flujo vaginal, entre otros. Todos conceptos que nos hacen querer tener una rutina de higiene estricta, cuando muchas veces esto puede incluso llegar a ser contraproducente si no es realizado de manera adecuada.

Es importante reconocer que la vulva es la parte que SÍ NECESITAMOS LIMPIAR. La vulva es una zona que se forma en capas (gracias a los labios mayores y menores) y que en una mujer adulta suele presentar vellos. Su forma cumple la función de proteger las aberturas vaginal y uretral, evitando el ingreso de agentes externos para preservar el pH interno.

Una adecuada higiene de vulva debe ser realizada principalmente con agua potable y si queremos utilizar algún jabón, preferiblemente uno de pH neutro. Se debe prestar especial atención a los pliegues entre los labios y al capuchón del clítoris. Es vital acompañar esta limpieza de un correcto secado.

La vagina, a diferencia de la vulva, NO DEBE LAVARSE. Es un órgano mágico que tiene su propio modo de protegerse y limpiarse. Lo hace liberando a diario una cantidad determinada de flujo vaginal, el cual puede ser de mayor o menor presencia (por eso a veces lo notamos y a veces no) y tener diferentes características según el día del ciclo en el que nos encontremos.

Este flujo en condiciones regulares tiene un pH ácido que ejerce una acción bactericida que impedirá el desarrollo de gérmenes patógenos dentro de nuestra vagina; y según nuestra edad y estado hormonal personal puede tener variaciones:

2. R E C O M E N D A C I O N E S

Nuestra vagina no es este entorno prístino y pulcro que podemos haber imaginado, para poder defenderse realmente, este flujo tiene un balance de bacterias y hongos que forman lo que se conoce como microbiota vaginal, siendo los lactobacilos los principales microorganismos que aseguran este equilibrio.

Es por eso que cualquier alteración importante podría desencadenar problemas a corto y largo plazo. Si bien a veces el origen de cualquier alteración en el pH puede no estar relacionada directamente a nuestras acciones, hay algunas cosas que se recomiendan hacer para preservarlo:

  • Limpiarse siempre de delante hacia atrás para evitar el contacto de la vagina con los microbios procedentes de la región anal.
  • Limpiar y secar adecuadamente los pliegues de nuestra vulva.
  • Evitar el uso prolongado de tampones (y si es posible cambiar de artículo de gestión menstrual) ya que no sólo absorben la sangre menstrual, también nuestras mucosas protectoras.
  • Evitar las duchas vaginales o cualquier tipo de limpieza de la vagina, recuerda: sólo es necesario lavar la vulva.
  • Evitar el uso de jabón, preferiblemente utilizar solo agua, ¡es suficiente!
  • Usar ropa interior de algodón y evitar ropa excesivamente ajustada.

 

Hay otros motivos que también pueden generar desequilibrio en el pH vaginal como la diabetes, obesidad, el uso del dispositivo intrauterino (DIU) y algunos tratamientos con antibióticos y anticonceptivos pueden generar variaciones.

Lo ideal es estar al tanto de cualquier cambio en el aspecto de nuestras mucosas, recibir diagnósticos profesionales de cualquier afección que podamos sentir, no automedicarse (atención también a hacerlo con pastillas anticonceptivas) y acudir anualmente a consulta ginecológica.

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